La mayoría de las personas experimentó qué es tener un antojo. En general, se trata de un deseo específico de comer papas fritas, helados y otros alimentos calóricos que los médicos advierten como riesgosos para la salud. Pero algunos antojos aparecen como el resultado instintivo y buscan proteger al cuerpo. Los siguientes son buenos ejemplos de lo que el cuerpo nos pide para sobrevivir.
Antojo de arroz y porotos: necesitás proteínas

La lisina es un aminoácido que el cuerpo necesita pero no puede fabricar. La metionina es otro. Los porotos tienen lisina. El maíz, el trigo y el arroz, tienen metionina. Todos juntos están en un burrito, pero existen muchas comidas populares que mezclan esos mismos alimentos, porque la combinación de sabores es increíble y porque en conjunto pueden sustituir bastante bien a la carne. Se complementan tanto en sabor como en nutrición de tal manera que durante mucho tiempo se repitió que si el arroz y los porotos no se cocinaban juntos, el cuerpo no absorbía bien los aminoácidos. Después quedó demostrado que no es necesario combinar los dos en la misma comida, pero ambos son necesarios y el cuerpo los pide de la misma manera que podría desear, por ejemplo, un bife jugoso. Esto significa que nuestro cuerpo no sólo nos hace desear ciertos alimentos, sino que sugiere también combinaciones para una nutrición completa: ¿la cocina no es tan inventiva como pensamos?
Antojo de picantes: necesitás refrescarte
Hay un vínculo certero entre la comida picante y los climas cálidos. Los picantes, sobre todo los chiles rojos, provocan sudoración inmediata. En general, el cuerpo transpira sólo lo suficiente para no levantar temperatura, pero esto provoca incomodidad y no refresca porque no hay riesgo de vida. Comer alimentos con capsaicina (el componente activo de los picantes) provoca una sudoración extra, más de la que el cuerpo necesita normalmente, porque estimula los receptores que detectan el calor en la boca ya en las membranas mucosas de la nariz. El cuerpo, entonces, suda mucho, en respuesta al calor y para protegerlo de la irritación. En consecuencia, la persona que come picante se refresca a causa de la transpiración, evitando lo “pegajoso” de la transpiración normal.
Antojo de té con leche: necesitás protección en el desayuno

El té no es la infusión inofensiva que muchas se muestra. Los taninos que contiene son una especie de astringente que recorre todo el cuerpo. También están en el café, con cualidades como la acidez y la sequedad que el cuerpo debería interpretar como “¡no tomes eso!”, pero instintivamente el cuerpo sabe cómo reaccionar: le agregamos leche que protege la garganta del tanino, y por lo tanto reduce el sabor amargo. La tolerancia a la leche es un ejemplo de adaptación nutricional humana: alimentar a muchos animales adultos con leche los enferma y la intolerancia a la lactosa todavía es algo frecuente. Sin embargo, no hace mucho tiempo que los humanos adultos consumen leche y ya las papilas gustativas nos llevan a protegernos de otras cosas.
Antojo de hielo: necesitás hierro
Por alguna razón, las personas anémicas tienen un ansia voraz por el hielo. Aunque no tiene una explicación concluyente, porque masticar hielo no aumenta el nivel de hierro en el cuerpo, se podría aventurar que las personas alivian sus síntomas en lugar de la carencia que los provoca. Así, si la deficiencia de hierro trae inflamación y la inflamación dolor, los pacientes anémicos mastican hielo para aliviar el dolor que suelen tener en la lengua y la boca.
Antojo de pescado envuelto en hojas verdes: necesitás calcio
Los africanos occidentales envuelven el pescado en hojas de plátano antes de cocinarlo; los franceses, en hojas de acedera (una planta silvestre). Ambos por una conveniencia práctica: así se disuelve el esqueleto. Pero lo más importante es que le da al pescado un sabor más rico, y esto es así porque los huesos no desaparecen sino que se derriten. El calcio de los huesos se disuelve en la carne y así el organismo lo recibe. (En México tienen una alternativa vegetariana: mojan el maíz de las tortillas en agua con piedra caliza disuelta, es decir, con carbonato de calcio).
Antojo de jengibre: necesitás curar el corazón
El jengibre suprime las náuseas, reduce dolores, calma la tos y elimina dolores de cabeza, además de sazonar muy bien la comida. Los médicos encontraron, que aun cuando no estaban enfermas algunas personas tenían antojo de jengibre. Los estudios revelaron que el jengibre reduce la coagulación que pueden causar épisodios cardíacos, reduce el colesterol y fortalece los músculos del corazón. (Aunque la magnitud del daño no habilita a poner todas las esperanzas en una planta medicinal).
Antojo de café: necesitás analgésicos

Está demostrado que el síndrome de abstinencia de la cafeína provoca dolores de cabeza, pero también que beber café incrementa el poder de los analgésicos y evita las migrañas. De hecho, mientras algunos profesionales de la salud advierten sobre los peligros del café, otros aconsejan tomar dos tazas al día. El café disminuye tanto el dolor físico como el emocional, ya que es un estimulante suave que puede reducir una depresión leve. Algunos dicen que también puede ayudar a mejorar el ciclo de sueño, ya que es un hábito regulado que se puede adoptar todos los días.
Antojo de chocolate: necesitás estímulo
El mundo occidental adora el chocolate, y es fácil saber por qué: es dulce y cremoso. Aunque por mucho tiempo, el chocolate tenía sabor amargo, se servía como una bebida con otras especias o sobre la carne como una sustancia saborosa, hasta que comenzaron a agregarle azúcar y leche.
¿Por qué se hizo tan popular? Algunos señalan que se debe a la feniletilamina (FEA), el llamado “químico del amor”, que el cuerpo produce en estado de enamoramiento, felicidad y emoción. Los investigadores señalan que el efecto de la FEA abandona muy rápidamente el cuerpo como para afectar realmente el comportamiento, y que otros alimentos como el queso contienen más FEA que el chocolate. Una hipótesis más probable es la que involucra a los cannabinoides que tiene el chocolate. Estos químicos, relacionados con el THC de la marihuana y la anandamida, conocida como la “molécula de la felicidad”, provocan el nivel de felicidad y bienestar que muchas personas experimentan al comer chocolate. Pero los investigadores señalan que habría que comer kilos de chocolate para obtener el mismo estímulo que la marihuana. El chocolate también contiene teobromina, un compuesto similar a la cafeína, en realidad el que hace que la gente sea adicta al café. En consecuencia, el chocolate es un brebaje de 380 químicos, algunos de ellos con efectos conocidos sobre el estado de ánimo.












3 agosto, 2012 a las 21:39
Lili dijo:
y antojo de ensaladaassssssssssssss!!