El término “Rave” describe a un tipo de fiesta peculiar en la que grupos de personas se reúnen a bailar música electrónica. Originalmente eran fiestas semiclandestinas realizadas en sótanos y fábricas abandonadas donde DJs ejecutaban música en vivo. Rave es sinónimo de frenesí y paroxismo. Pero hace algo más de dos años el término “Rave” comenzó a aparecer vinculado con “Food” (alimento):”Food Rave, un tipo de evento donde gente desconocida se reúne a comer en distintas condiciones, que se extiende de maneras silenciosa por el mundo. Una nota en The Telegraph titula ”Las Food Rave son el futuro de la comidas”. No se refiere a exóticos encuentros hedonistas, sino a almuerzos o cenas con personas desconocidas o contactos de Internet donde la comida funciona como vínculo.
The New York Times se ocupa del boom de los encuentros secretos para comer
¿Es la realidad la que moldea a las costumbres?
The Future Laboratory, una consultora de tendencias con sede en Londres, vaticina que los hábitos alimenticios van a cambiar radicalmente en los próximos años, a causa de:
- El creciente precio de los alimentos: comer un plato en un restaurante del Reino Unido es 7,5% más caro desde 2010; y la industria mundial de alimentos fue valuada en 4.349.4 millones de dólares en 2009 y para finales de 2014 se prevé será de casi $ 6.000 millones, con un aumento de 37%.
- La preocupación por el medio ambiente
- El deseo de experimentar
- Una reconfiguración del sentido de comunidad
Después de realizar un trabajo de investigación de campo, publicaron las conclusiones en “Food futures”, un reporte que proyecta nuevas formas de convivencia entre los consumidores que buscan reducir los costos en medio de la crisis económica que atraviesa Europa. Así, en lugar de salir a comer afuera a los restaurantes tradicionales, los británicos –muestra de esta investigación– cada vez se inclinan más a compartir comidas en casa con vecinos y otras personas de su comunidad aunque sean desconocidos. Y también en la isla ha crecido en popularidad la costumbre de comer en la calle, y las food raves.
“Food Raves”: Entretenimiento + alimentación + sentido
Petra Barran es co-fundadora de eat.st, un grupo con base en Londres que organiza comidas comunitarias en la calle. Según su experiencia, las food raves recuperan el espíritu DIY (Do it Yourself; hazlo tú mismo) de las raves musicales: “Es una cosa colectiva. Quizás el sentido de por qué las personas se reúnen esté en que es una manera de participar, comprometerse con la comunidad y pasarla bien juntos”. Si las predicciones de la consultora no fallan, las food raves terminarán por formar parte de la cultura cotidiana.
Las redes sociales convocan
Dice el informe:
A raíz de la recesión global y en un esfuerzo por darle más sentido a sus vidas, los consumidores buscan reducir costos y generar momentos de una particular convivencia a la hora de comer, y lo hacen con ingenio. Estas formas de intercambio pronto se convertirán en un hábito alimentario cada vez más común entre las personas, en la medida que utilizan las redes sociales como Twitter y Facebook para crear conmunidades online y organizar eventos.
Por ejemplo, Super Marmite es una red social con base en Francia en la que los usuarios postean el plato que tienen planeado preparar para la próxima comida, cuándo estará listo y la cantidad de porciones que tendrán disponibles, de manera que otros miembros de la comunidad pueda unirse para comer juntos.
El resurgimiento de recetas antiguas y los envoltorios nostálgicos marcan una tendencia a buscar una conexión con el pasado. En el mismo sentido, por supuesto que las food raves tienen antecedentes: por un lado, las fiestas populares, las ferias de artesanías y de consignas varias, festivales musicales y desfiles oficiales que sin embargo se diferencian en el punto crucial en que aquí la comida es la principal convocante. La diversidad de oferta de cocineros amateurs recuerda, por otra parte, recuerda a las comidas a la canasta (potlucks en inglés, que viene de potlatch, una forma de intercambio no económico que es ejemplo de los estudios de antropología) que solían realizarse en las escuelas, clubes y pequeñas comunidades barriales para hacer de la experiencia de comer fuera de casa algo posible y afianzar lazos al compartir con desconocidos. Quizás también, así como una generación completa de personas que no vieron cocinar a sus madres se han convertido en foodies, haya una que nunca haya ido a una comida a la canasta y ahora elija –por placer o por dinero– comer con otros.









31 agosto, 2011 a las 10:48
buenasymalas dijo:
En los años ’60 en EEUU y Europa se compartían y comparten las mesas de bares y restaurantes y es algo muy ameno, bueno para los turistas y para enterarse de cómo funciona otro país, en el caso del propio no hablar de política o religión sería grave. Pero hacerlo en plazas u otros lugares me parece muy bueno. Las preferencias definen a las personas y se conoce muy bien por lo que se come. Son imprescindibles los buenos modales.